Mi querido mayo...
Eres niño, joven y viejo.
Con inocencia nos llevas a la magia del recreo,
donde jugamos con los números al escondite,
con las letras al veo, veo...
y con los ojos levantar el vuelo
para enfilar el horizonte
tras la bandada, que sueña
tocar el cielo...
Mientras margaritas, lilas
y amapolas ríen frente al viento
y retan a la lluvia, a las nubes
y a la prisa del tiempo...
Jovial y apasionado nos miras retador...
extiendes un jardín de sueños
y nos dejas flores en el balcón.
Tocas guitarras de madrugada,
escribes mensajes en la esquina
y al atardecer una canción,
que es un beso del sol en la retina.
Mientras los árboles extienden
su concierto de trinos
y el alma descifra
las voces del cielo
en el camino...
Viejo, generoso y sabio...
Nos esperas en los bancos del parque
para contarnos legendarias historias...
En la barandilla del puente, mirando al río,
que salta osado entre las piedras...
En las viejas cepas de la vid,
que esperan su ansiado fruto
con paciencia y entrega...
Mientras, entrañable y sencilla,
paso a paso, camina la Virgen
de la ermita al pueblo
y te cuelas en las pupilas de la gente,
columpiándote en su sentimiento.
Mi querido mayo...
recargas mi mente de imaginación
y mi corazón de sentires.
Soy niña, joven y vieja,
abro mis alas hacia Australia
y pinto junto a Sofía
el jardín,
el balcón,
la esquina
y la canción,
que me hace tocar el cielo
e intuir a esa nueva niña,
Amaia, que en Múnich será
flor y mensaje de amor.
Imagen de Google: Paisaje manchego.
Madrid 12-mayo-2018
M.Jesús Muñoz