Rosa, mi rosa cándida
tienes chispitas de sangre en el cuerpo
y en la frente...
¿a quién regalaste tu voz, tu blancura
transparente...?
Confiada, dejaste que te arrasara
el viento
y el paso de la corriente.
Rosa, mi rosa cándida
hay un silencio sellado
en la herida de
tus labios,
que asciende en una oración
y baja como un suspiro...
en el rocío de
los campos.
Rosa, mi rosa cándida
entregaste uno a uno
tus pétalos
inocentes
y ahora te ves desvalida, desnuda
como una niña,
sin su casa
y sus juguetes.
Rosa, mi rosa cándida
caminas en soledad y vas en pos
de tu suerte,
sin entender la ceguera,
la frialdad y
el murmullo
de la gente.
Rosa, mi rosa cándida
no temas a la corriente y al viento.
La luz ha sido testigo de
La luz ha sido testigo de
tu noble transparencia
y están cayendo del cielo
besos de azul inocencia
para pintarte de amor
en los versos de un
poema.
Gracias por tu Rosa Cándida, M.del Carmen,
por tus sentimientos valientes y generosos.
por tus sentimientos valientes y generosos.
Madrid 26-septiembre-2013
M.Jesús Muñoz
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