El sol, dragón de milenaria boca,
saltó y mordió el cerezo.
Un grito de pétalos al aire
despertó el espíritu, que dormía
en el corazón de las rocas...
Resonó la flauta del tiempo
afinando el brillo de la pupila
del ciervo y el eco tembloroso
de las tímidas hojas...
El día tomó los rincones del paisaje,
arcos de luz dispararon color
en las ventanas del viento
y en la piel añeja de las rosas.
Un grácil corro de amarillos elfos
y hadas infantiles y rojizas se citaron
en torno al banco callado
de la sabiduría...
Allí entonaron largo canto de humildad,
que corrió por ríos y montañas,
saltando entre nieve y espejos
de tierra y vida.
El alma de los siglos extendió su alfombra
de lirios,mientras las nubes cerraron
sus ojos grises en torno
a una pequeña ermita...
Allí entre luces y sombras se erigía,
retando a las nubes negras
y susurrando una contenida oración
de paciencia infinita.
Que se elevaba poco a poco
tocando los límites del misterio
y arrancando una leyenda
en la voz de una estrella herida.
El ciervo de la pupila brillante,
atento intuía
y temblaba emocionada
aquella hoja tímida..
El sentimiento, espontáneo, brotaba
y florecía del corazón olvidado
de la roca milenaría y fría.
Y un suspiro recorrió las venas
de las profundidades, que acunaron
el oleaje y magma, incendiando
la entraña de la vida...
Era el AMOR, que abría y cerraba
de nuevo la boca del sol
y callaba la flauta del tiempo,
el banco de la sabiduría
y la ermita de la paciencia
infinita...
infinita...
Imágenes de Google
Madrid 16-mayo-2013
M.Jesús Muñoz.







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