lunes, 27 de abril de 2026

MI ALMA EXTIENDE SUS BRAZOS...!!


 La parra ha extendido sus brazos
cubiertos de verde esperanza,
que escribe la luz del silencio
con vocación de eternidad;
revuelan y tocan 
mis labios,
despiertan el sueño 
del alma
que olvidándose 
del tiempo
se escapa a la inmensidad.

Ahí en la inmensidad te encuentro
consciente, alerta, siempre vivo
con prisa e inefable paciencia
pintando el racimo y la espiga;
me llaman, gritan 
en el viento,
son fieles guardianes, 
testigos
de aquella, tu sagrada 
herencia,
que marca mis surcos 
de vida.

Vida de frío e hiriente invierno,
que hiela la piel del paisaje
y soles que prenden la herida
y al cuerpo retan, ciegan y abrasan;
engendran el viaje 
sin tiempo,
infinito, sin equipaje
hacia mi prometida 
Ítaca,
que intuyen mis ojos 
del alma.

Mi alma extiende sus brazos,
es parra de verde esperanza,
que a la luz del silencio escribe
con vocación de eternidad;
revuelo, toco tus 
labios,
despierto tu sueño 
del alma
y olvidándote 
del tiempo,
escapas a la 
inmensidad...!



Imagen de mi autoría.
Madrid 27-abril-2026
M.Jesús Muñoz

19 comentarios:

Mª Jesús Muñoz dijo...

Queridos amigos, ante todo mi gratitud por vuestras visitas y comentarios...Hoy os dejo un nuevo poema, donde la parra de casa adquiere un halo humano y divino. Todo nos habla y nos grita en la naturaleza, nos invita a reflexionar y dar sentido a la vida.
Os dejo mi abrazo entrañable y agradecido. Sed felices, amigos...!!
M. Jesús Muñoz

Francesc Cornadó dijo...

Gracias Mª Jesús, nos has dejado un buen regalo, son versos bellos y muy sentidos. Vegetales que nos acarician con sus sombras amables, la naturaleza toda ofreciéndonos la realidad de los colores y los aromas.
Muy bien, te felicito.

Tracy dijo...

La foto es muy bonita y comprendo que la hayas escogido para representar tú alma de poeta manchega que se repite por tus cuatro costados.
Un abrazo fuerte

Meulen dijo...

Saludos estimada poeta
leyendo este texto, me acordé de una parra que tuvimos en casa, hace tantooosss años atrás...
era una uva verde alargada, muy dulce, pero luego se nos enfermó y adios parra...pero en verdad era una gozada , llegado el momento
de la cosecha y saborear ese dulzor en horas de verano ...
Bueno ahora quedan los ciruelos
que cargados de frutos traspasan igual la luz del cielo cada atardecer
me gusta ver así entre las hojas ese celeste que pocas veces veo con claridad
más acá del sur donde vivo...
Un exaltación al espíritu
que siempre anda buscando la conjunción
de su unión divina que nunca pierde!

Te dejo un abrazo.

Carmen Silza dijo...

Que bonito ese ofrecimiento de brazos. Natura tiene siempre sus brazos extendidos, esperándonos siempre., para que no nos falte nada.
Un poema precioso, que nos invita a amar a Natura y a extender nuestros brazos para cuidarla.
Feliz martes poeta María Jesús.
Un abrazo

A.S. dijo...

Los brazos del alma se extienden más allá del infinito, Mª Jesus!... Se extienden a dondequiera que haya alguien que necesite una palabra, amor o una sonrisa. Así son los brazos de la vid, cubiertos de esperanza para que su fruto sea dulce y llegue a quienes más lo necesitan. La vid se extiende, desafiando el viento y la distancia, pero sin olvidar jamás que a su lado también hay labios que aprecian la dulzura del fruto...
Tu poema es muy hermoso, querido poeta!

Te dejo mi abrazo entranãble

maría cristina dijo...

Tu parra me ha llevado a la de mi casa en la infancia, ahí lo veo a mi papá, subido a la escalera con el canasto de alambre cortando los racimos de uvas que luego compartiremos. Luego le tocará el turno a la higuera! Tu poema es un canto a la vida, Ma.Jesús, gracias, un abrazo!

chema dijo...

de pequeño me asombraba que las uvas pudieran crecer de la vid y de la parra, siendo aparentemente tan distintas. y en realidad una parra es como una vid trepadora a la que se ha dejado crecer...
pocas cosas hay tan antiguas como las plantaciones de uva y el zumo que se extrae de ellas, con o sin fermentación.
abrazos, mªjesús!!

Valdo dijo...

Me encantó eso de que la parra simbolice vida que trasciende de manera infinita.
Todo un viaje hacia lo interior para reconocer origen y herencia.
Un abrazo.

JUAN dijo...

Así es María, las parras y las enredaderas siempre trepan hacia el cielo, pero no son arrogantes, ni presuntuosas, siguen la pauta que les ordena la propia naturaleza. Como la higuera son plantas sencillas que dan frutos y/o nos alegran la vista y la armonía.
Son como esas almas o auras que extienden sus brazos con humildad, alegría y esperanza,
dándonos siempre un grito de e ilusión, desde este espacio natural que es el Universo, amiga. Te envío mi abrazo por siempre poeta.
Se me olvidaba María, te quiero comentar, que hicíste un comentario en mi blog al poema de Federico, pero no he encontrado el contenido. Quizá se borrara, o yo lo he borrado sin darme cuenta. Suele pasar. Otro abrazo amiga...

mariarosa dijo...

Bella imagen, la parra con sus ramas como brazos extendiendo su verde como vida que crece, hermoso versos. Abrazo.

Angelo dijo...

Pocas veces una planta tan humilde carga con tanta profundidad. La parra que trepa sin prisa, que da sombra y fruto sin pedirlo, se convierte aquí en el mejor símbolo posible del alma que busca sin descanso. Lo que más me ha llegado es esa Ítaca que se intuye pero no se nombra del todo, como si el destino importara menos que el camino. Hermoso poema, María Jesús. Un abrazo.

Milena dijo...

Mª Jesús, qué gran poema te ha inspirado la parra! Con ese toque tuyo siempre tan místico!... Simboliza una profunda conexión espiritual, la herencia vital y el viaje del alma hacia tu propia Ítaca interior. Qué maravillosas metáforas de esperanza y qué preciosidad el juego de espejos que conecta la naturaleza con la esencia humana... Siempre quedo admirada ante tus poemas, querida amiga, mil gracias siempre!!

Sara O. Durán dijo...

Otro entrañable abrazo, trae el deleite de conocerte tus versos, sensibles y escritos desde el alma.
Un abrazo muy grande.

Joselu dijo...

El poema traza una fusión simbólica entre la parra y el alma, donde la esperanza se vuelve vegetal y trascendente. El ciclo vital, entre invierno y plenitud, conduce hacia una Ítaca interior. La voz poética transforma el tiempo en eternidad, invitando a comunión silenciosa con lo sagrado y lo infinito.

Saludos

Ester dijo...

Ayer te decía que cuando veo cepas las imagino como brazos levantados hacia el cielo, hoy tus parras levantan los mismos brazos, es la vid , ese tronco retorcido con sarmientos flexibles que representan la vida. Precioso poema. Un abrazo y cariño

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Escapar a la eternidad o quizás volver a ella, nuestra patria...

Paz

Isaac

mariposa blanca dijo...

"Vuelo de ángeles", "nubes negras" y éste de la parra... Todos buenos poemas, pero éste... al menos para mí, tiene un algo que penetra muy dentro. Esos brazos a biertos que has visto en tu querida parra... y que los he sentido como los de tu alma escapando hacia Dios... Qué belleza...!
Se escapa a la inmensidad, sí... y nosotros tras él..
Un gran abrazo!

Mari Carmen dijo...

Hola Mª -----jesús, esa fotofrafía es para enmarcarla.
Tus versos son para disfrutarlos, son preciosos. Volveré otra vez a releerlo.
Un abrazo.