Rosas mudas, testigos de la vida,
agradecidas se elevan y esperan
la presencia, la palabra
y el agua
del jardinero, que alegre, las cuida...
El no sabe, que comprenden y sueñan
los mismos sueños, que anhela
su alma
cuando en silencio, evoca la dicha
de ese río interno, que late y aquieta
la soledad, que carcome
su entraña.
Perro fiel, sempiterno compañero,
intuye el gesto, la caricia y el paso,
que conoce y espera,
sin desesperar.
Y sabe la idea y el sentimiento,
que late en los ojos del amo
y en los ecos lejanos del viento
al suspirar.
El, es la vida que le ladra al tiempo
parando su cuerda, su ritmo y su ocaso
al llegar la noche de oscuro
callar...
Mientras el hombre se hace lecho y casa
y se olvida de la rosa y del mundo,
del sol, del ladrido y los ecos
del viento...
Para ser sueño inocente y calma,
ignorando el ayer y el futuro,
que juntos acunan su historia
y su aliento.
E ignora los hilos, que tejen la trama
desde el universo y trazan el surco,
donde ha de encontrar, al llegar
al alba, las rosas
y el perro.
Imagen del blog:
Madrid 21- agosto-2013
M. Jesús Muñoz



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