La vida no son los días vividos...
sino la intensidad de todo lo vivido
Mi cuerpo se ha vestido de noche y mi
alma respira un perfume índigo, misterioso y sutil.
Se abre el libro de los sueños, hoja a hoja...
Voy a tu encuentro, mientras la luna me hace
un guiño de plata, cómplice y gentil.
Llegas de blanco como el grito del alba
con reflejos dorados y rosáceos sobre el mar.
Y pétalo a pétalo se enciende la rosa...
La brisa despliega un susurro de caricias,
que impulsa los sentidos a la inmensidad.
El tiempo deja de ser ante el instante eterno,
que es paisaje, calma y plenitud.
Surge el latido profundo e intenso del ahora...
Se revela el misterio y se posa en los ecos
y en las voces, que prenden su luz.
Por encima de la palabra y el silencio planea
una gaviota, pedaleando entre el cielo y el mar.
Y va soltando una estela de sueños...
Las estrellas tejen un lienzo, que ondea en el viento
y va dejando el perfume profundo de la amistad.
Gracias por dejarme tocar tu mar y tu cielo, amiga mía.
Con cariño para Maite Volarela.
Madrid 10-septiembre-2014
M.Jesús Muñoz


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