No cuentes el tiempo, cuenta tus transformaciones. (A. Jodorosky)
Fuiste gota de lluvia resbalando
por el cristal transparente de la infancia.
En el recreo de tus ojos se columpiaba,
dichoso, el azul del cielo,
mientras construías castillos y grutas
milenarias en la arena de la playa.
La tormenta taladró el miedo en tu cuerpo
y el arco iris colgó en él la esperanza.
Estrenaste el autobús, los zapatos y la carpeta
con las ecuaciones, que calculaba el tiempo,
mientras "sus ojos" despertaban incógnitas
en la ingenua pizarra de tu alma.
El espejo te mostró tus valles, tus ríos,
tus soledades y tus sombras
en la piel curtida de tu cara,
mientras se marchitaban las rosas
y la linea quebrada de la tristeza y la alegría,
danzaba en cada circunstancia.
¡¡Cuánto corre el tiempo de la vida!!
Y tu te paras sin seguir su ritmo.
El tiempo eres tú, cuando mueres
y naces cada día, sintiendo la lluvia en tu cara
y el azul del cielo en tu mirada de niño/a.
Tu emoción es el tiempo de tu vida.
El reloj son tus latidos, que celebran los colores
del universo, posándose en la palabra,
en la música, en el amigo, en el paisaje
y en el vuelo sempiterno de un beso.
Una y otra vez nace, creas y recreas
la magia de tu propio tiempo.
Te transformas en multiuniversos,
que laten, dando cuerda a tus estrellas,
constantes, infinitas y entrañables.
Ahí te pierdes, dudas, olvidando que danzas
en el juego de la rosa, de la lluvia, de la arena
de la playa, de tus ríos y tus valles.
¡El tiempo eres tú, tus mundos y soledades!!
Imagen de Google.
Madrid 12-mayo-2020
M. Jesús Muñoz











