La parra ha extendido sus brazos
cubiertos de verde esperanza,
que escribe la luz del silencio
con vocación de eternidad;
revuelan y tocan
mis labios,
despiertan el sueño
del alma
que olvidándose
del tiempo
se escapa a la inmensidad.
Ahí en la inmensidad te encuentro
consciente, alerta, siempre vivo
con prisa e inefable paciencia
pintando el racimo y la espiga;
me llaman, gritan
en el viento,
son fieles guardianes,
testigos
de aquella, tu sagrada
herencia,
que marca mis surcos
de vida.
Vida de frío e hiriente invierno,
que hielan la piel del paisaje
y soles que prenden la herida
y al cuerpo retan, ciegan y abrasan;
engendran el viaje
sin tiempo,
infinito, sin equipaje
hacia mi prometida
Itaca,
que intuyen mis ojos
del alma.
Mi alma extiende sus brazos,
es parra de verde esperanza,
que a la luz del silencio escribe
con vocación de eternidad;
revuelo, toco tus
labios,
despierto tu sueño
del alma
y olvidándote
del tiempo,
escapas a la
inmensidad...!
Imagen de mi autoría.
Madrid 27-abril-2026
M.Jesús Muñoz

2 comentarios:
Queridos amigos, ante todo mi gratitud por vuestras visitas y comentarios...Hoy os dejo un nuevo poema, donde la parra de casa adquiere un halo humano y divino. Todo nos habla y nos grita en la naturaleza, nos invita a reflexionar y dar sentido a la vida.
Os dejo mi abrazo entrañable y agradecido. Sed felices, amigos...!!
M. Jesús Muñoz
Gracias Mª Jesús, nos has dejado un buen regalo, son versos bellos y muy sentidos. Vegetales que nos acarician con sus sombras amables, la naturaleza toda ofreciéndonos la realidad de los colores y los aromas.
Muy bien, te felicito.
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